105.- CÓMO HONRAR TU SEXUALIDAD.

Hubo un tiempo en el principio,
un tiempo en que no había nada,
un tiempo en que yo danzaba
mi danza de sexualidad,
la energía de la creación;
y esa danza se la ofrendé al Todo como un regalo.
La sexualidad trajo la unión conmigo,
con la Diosa, con el éxtasis espiritual.
La sexualidad curó en integró, regeneró y vigorizó.
La sexualidad te introdujo en el tejido de todo
siendo vida, pues la vida
vive para expresarse a sí misma.
Tanto si es nueva vida como vitalidad,
ritos de placer, posibilidades ilimitadas,
elijas lo que elijas, la sexualidad es la danza
mediante la que se expresa la vida
y el mayor de sus dones.
 
 
  • Soy mujer, o eso creo. Así me define la sociedad basada en lo masculino por cómo son mis genitales, y así lo he creido y he manifestado durante años. En este espacio y tiempo me experimento como mujer.

No soy sexóloga como me califican cuando doy charlas.

Yo Soy Quién Yo Soy.

María José es mi nombre. Hay un principio femenino y masculino cada vez más aliados en mí. Con una mejor relación, y más equilibrados interiormente.

Hoy me quiero confesar…..y no es que estoy enamorada. Esto es algo muy íntimo y que llevo muchos años observando en mí.

Quizás no es algo para airearlo a los cuatro vientos, porque ha estado tanto tiempo reprimido, castigado, ridiculizado, exorcizado, negado y ocultado que sólo es para quién quiera aceptarlo, y entenderlo. Para mentes abiertas con corazón.

  • Confieso que mi cuerpo se excita y convulsiona sólo, sin más, en determinadas circunstancias y no precisamente por follar, ni por ver o pensar en un tío macizo, o una escena erótica. No se tratan de orgasmos como lo ridiculiza el personal que no se entera de qué va la película, y que en general lo cataloga como porno.

El perseguido orgasmo sexual es tan sólo una liberación de energía, una descarga. Después del orgasmo te has descargado energéticamente y no tienes ganas de más. Ni te quedan fuerzas. Incluso hasta puedes dormirte relajadamente. Y se acabó la fiesta, hasta la siguiente, para la que ha de pasar un tiempo de recuperación.

Un orgasmo tántrico, o una subida de energía sexual (kundalini) controlada es diferente. Es muy suave. Son oleadas de calor y de placer por la columna vertebral que te mantienen viva y despierta durante mucho tiempo, hasta que tú decidas que la fiesta se acabe. Esta energía permanece constante en el tiempo.

  • Puedo excitarme y convulsionarme involuntariamente meditando, observando un paisaje maravilloso, o simplemente con una fragancia natural. Todos estos estímulos sensoriales como ejemplo y muchos más, hacen vibrar mi cuerpo involuntariamente.
  • Con el baile y un ritmo adecuado puedo vibrar a voluntad, y canalizar la energía de formas sutiles, sensuales y sanadoras. Tengo testigos, no porque lo digo yo.

Es más, cuando todo esto empezó, yo pensé que era la niña del exorcista, no sabía lo que me pasaba, sólo sentía vergüenza y no disfrutaba del regalo de esta experiencia que me era ofrendada.

Después me informé y leí mucho, y entendí que la mal llamada histeria de las mujeres por el concepto masculino del comportamiento femenino es algo natural, inherente a la biología femenina, y que en la antigüedad se consideraba sagrado.

Hasta que llegó la visión masculina de todo, y el patriarcado relegó a la sombra toda expresión de goce, placer y disfrute, sustituyéndola por el sacrificio y el sufrimiento de la dominación.

La energia sexual se puede activar con relaciones sexuales. Sí, si merecen el placer de disfrutarlas. No, si el acto no conviene.

Reconozcamos que no todas las relaciones sexuales son placenteras, y mucho menos sin la conciencia de saber lo qué hacemos, ni para qué lo hacemos.

Sin embargo, el sexo no es el único camino para activar la energía sexual, ni para honrar tu sexualidad. Si es necesario el cuerpo como vehículo, y estar abierta a aumentar tu conciencia plena, en todos los sentidos.

  • Ahora y con el aprendizaje que me da experimentarme, me lo disfruto, y sé que mi placer es mío. Es mi fiesta, es mi energía. Y hago con ella lo que deseo, sin hacer daño a nadie. Si con quién la comparto es merecedor de este regalo, bienvenido, bienvenida.

Y sé que no soy la única mujer que puede disfrutar del mismo don que yo. Lo he visto, lo he sentido.

Confieso que soy una mujer poderosa que ahora conoce su poder y no piensa ocultarlo más, aún con el peligro, la incomodidad y los retos que ello supone.

Porque este poder asusta a quién lo ve, y a quién lo experimenta por primera vez por los cientos de años que está apartado descaradamente de maneras sutiles por el Sistema en que vivimos. Y por lo dormidos que estamos, y hay quien no quiere despertar.

De todas formas, la energía de la vida se manifiesta de diferentes formas, en tantas como mujeres existen, existieron y existirán, y siempre buscará la manera de hacerlo por mucho que la ahoguemos. Gracias a ella estamos aquí, y no a un orgasmo, como muchos creen.

  • La sexualidad es una dimensión muy importante de tu Ser.

¿Por qué he de ocultar, reprimir o rechazar en pleno siglo XXI el don que tengo para sentir la vida, la belleza, y la energía potencial de la sexualidad que es la unión de complementarios?

Ahora entiendes por qué hablo de sexualidad sin ser sexóloga.

Ahora te puedo contar mi Poder Secreto.

Y a través de mi formación y sobre todo, de las experiencias vividas, puedo acompañarte a que tú lo despiertes en tí.

Pregúntame cómo. 

Y comenta este artículo aquí debajo con lo que pienses al respecto porque me interesa mucho tu opinión.


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Con placer,

104.- EL TANGO, ALGO MÁS QUE UN BAILE PASIONAL.

EL TANGO, ALGO MÁS QUE UN BAILE PASIONAL.

Por María José GLG.

Llevo exactamente 4 meses acudiendo a clases para aprender a bailar tango, y ayer, comentándolo con una reciente amiga mexicana bailarina, le explicaba lo que significa para mí hasta ahora bailar este baile tan sensual y pasional.

Visto el interés de ella, voy a tratar de contarlo aquí también puesto que es algo que tiene mucho que ver con los roles femeninos y masculinos, que no tenemos integrados socialmente, y por extensión, tampoco individualmente. De ahí vienen tantos conflictos en las relaciones de pareja y en la sexualidad.

El tango, a mi entender, y por lo que cuenta mi profesor argentino, es un baile que ha evolucionado, que recientemente cambió sus reglas, ahora conocidas internacionalmente.

Proveniente de los bailes en los puertos argentinos de inmigrantes europeos, negros, criollos, mulatos e indios, se popularizó en los arrabales con abundantes escándalos que provocaron su prohibición.

El tango fue marginado socialmente por buscar la sensualidad y el placer, por lo que se redujo a los burdeles, hasta que llegó a París a principios del siglo XX, donde lo adoptó la alta sociedad.

Se puede decir que tiene raíces de los bailes de muchas culturas y actualmente es el más apasionado, educado y respetuoso de los bailes de pareja que yo conozca. De ahí que sea considerado como el más difícil de aprender de los bailes de salón.

Mi profesor de tango, que no sólo nos ha enseñado el paso básico sin el cual no se aprenden las figuras, nos enseña también la postura que el hombre y la mujer deben mantener mientras bailan juntos.

Lo principal que aprendí del tango es que es un baile de tierra, terrenal, que se baila como si caminaras naturalmente. No necesita grandes movimientos de cadera ni saltos de piernas. Es una comunicación de la pareja en contacto con la tierra, mientras caminan, que casi arrastran los pies. La sensualidad es terrenal.

Lo segundo que aprendí, y que es lo que más polémica crea, es que el hombre tiene sus pasos y su rol, masculino, y la mujer aprende sus propios pasos, y su rol femenino. Juntos, hombre y mujer, crean la danza del tango. Uno sólo no puede bailarlo, y en este baile cada uno tiene sus propios pasos y su rol a cumplir para que se cree la danza de sensualidad y placer que es.

El rol o papel del hombre en el tango es el de mantenerse erguido con la presencia de un roble, como soporte y dirección de la mujer.

Es el hombre el que indica a la mujer los movimientos y pasos que ha de hacer, con lo que no le está permitido dudar. El inicia el baile y ella le sigue.

Es el hombre quién maneja a la mujer, en el buen sentido, y con respeto y cuidado muestra orgulloso a su pareja. Según se mueva el hombre, así le seguirá la mujer con sus propios pasos que le responderán a lo que él inicie.

En el tango el hombre aprende a dirigir sutilmente con unas apenas perceptibles señales a su compañera. Para ello adquiere el papel de lo masculino, siendo firme, decisivo, ordenado y orientado a encauzar la fuerza y energía de lo femenino.

El hombre ha de saber llevar a su compañera por la pista de baile tomando decisiones rápidas de salvar los obstáculos de otras parejas de baile mientras la exhibe y se muestra orgulloso de ella, disfrutando ambos con placer de la danza. Su visión es panorámica y mantiene su presencia para con ella, a la que protege.

La mujer, en este caso, yo misma, aprendo a dejarme llevar en el tango. Sí, chicas, eso que tanto nos está costando ahora a las mujeres. Confieso que cuanto más me dejo llevar por él, y me confío en lo masculino, mejor me salen mis pasos.

Yo, como mujer, no pienso bailando tango, sólo me concentro y enfoco en él, y en cualquier señal suya que me indique lo que he de hacer a continuación. Y así fluyo. El me contiene en mis formas, y dirige mis movimientos por la pista de baile.

Si te es difícil dejarte llevar por un hombre en un baile, pues baila sola. Sin embargo, si quieres tener una relación con un hombre, o bailar tango, el aprendizaje de la mujer es dejarse llevar y guiar por lo masculino. Eso sí, sin ser blanda ni hacerse la tonta, puesto que la mujer aprende sus propios pasos de tango, y mantiene su eje corporal y centramiento enraizada en la tierra.

El hombre inicia los movimientos y la mujer los sigue, aunque desde fuera, a veces, parezca lo contrario. Pensarás que el tango es de chulos machistas y putas que se dejan arrastrar, pero yo estoy descubriendo que en el fondo no es así.

El tango me está enseñando toda una filosofía de baile en pareja que armoniza los roles femenino y masculino esenciales.

La mujer nunca pierde su autonomía en el tango, al igual que el hombre. Ella sólo disfrutará del baile cuando aprenda a relajarse en la guía y dirección del hombre, y confíe plenamente en él. De hecho, la mujer en el tango “persigue” al hombre. Ha de procurar no desconectarse nunca de él, y él la ayuda a ello con su presencia y dirección.

Toda una colaboración en equipo que no es nada fácil de aprender hoy en día con la dichosa igualdad, la postura feminista in extremis de la mujer, y la de huida del hombre en las relaciones.

Las mujeres hoy en día hemos aprendido a hacerlo casi todo solas y pocas veces necesitamos un hombre, aunque lo deseemos románticamente. Lo bello del tango es que la mujer pueda relajarse en tomar decisiones que sólo le pertenecen por naturaleza y en esencia, al rol masculino. Él es quien lleva la responsabilidad de guiar (los pantalones, vamos).

Y que el hombre dirija en el tango es todo un aprendizaje también para ellos, a lo que tampoco están acostumbrados ni educados, me atrevo a decir, por culpa de la desconfianza y educación de muchas madres y mujeres, que han asumido toda la responsabilidad de la toma de decisiones por ellos.

Es más cómodo delegar la responsabilidad de nuestros actos en otra persona, y cuando queremos algo, tomarlo por la fuerza. Así se actúa en lo masculino herido, por defecto.

En el tango, cada cual asume el papel que como género le ha tocado ser en esta vida. Lo masculino emite y lo femenino recibe.

Cuando hombre y mujer en el tango toman su postura masculina y femenina respectivamente, ambos crean una danza creativa, de sensualidad y placer que transmite eso mismo a quien la contempla.

Si no es así, si no hay equilibrio y comunicación de roles, la danza es una lucha de poder. La misma lucha de poder que se establece en las relaciones frustradas de hoy en día.

Yo misma, como mujer autónoma e independiente que soy, tengo los dos roles de masculina y femenina a la vez. Tomo mis propias decisiones y creo mi vida.

Ahora bien, si quiero mantener una comunicación y crear una danza bonita con un hombre, mi papel en este equipo de bailar tango es ceder mi rol masculino al hombre, y poder relajarme en mi feminidad.

De esta manera, si él me cede su parte femenina y asume su rol masculino, ambos disfrutaremos de lo que estamos compartiendo en equipo, como en una unidad de complicidad donde hay equilibrio, armonía, sensualidad, placer, y hasta pasión.

Es todo un trabajo de equipo, que no de igualdad, donde cada uno está en su esencia, en lo que es, y permite a la otra persona que sea lo que es también, para crear algo bello, como lo es el bailar tango.

Al fin y al cabo, lo masculino y lo femenino esenciales es lo que inconscientemente buscamos en una pareja. Ya lo explicó bien esto Jung.

Con todo lo dicho, o mejor, lo escrito, entenderás por qué me gusta el tango, y por qué lo recomiendo a las parejas para mejorar su comunicación, y a toda persona que quiera aprenderlo.

El tango es una excelente herramienta que hace a los hombres “machos” respetuosos y educados de verdad, y a las mujeres más seguras y sensuales. Y te prepara para una relación sana y equilibrada. ¿Algún otro baile te da más?.

¿Tienes alguna opinión al respecto? Me encanta que comentes más abajo.


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Con placer,